Durante años, Dr. House fue presentada como una serie sobre genialidad médica.
Para muchos, incluso como un referente de “buen diagnóstico”.
Pero la ficción, cuando se consume sin análisis crítico, también educa mal.
En esta serie de publicaciones no voy a hablar de entretenimiento, ni de personajes carismáticos.
Voy a hablar de medicina real.
Durante las próximas semanas analizaremos, desde la clínica, la ética y la seguridad del paciente, qué prácticas normalizó esta serie que no deberían ser aceptables en la medicina contemporánea.
No se trata de desacreditar la ficción. Se trata de corregir el sesgo que dejó en la percepción social de lo que debería ser un buen médico.
Hablaremos de la ausencia del paciente en el acto clínico, la sustitución de la propedéutica por estudios, el uso irresponsable de recursos, el diagnóstico por intuición, la tolerancia institucional al ejercicio bajo sustancias y, el impacto cultural de estos modelos.
La medicina no necesita genios televisivos. Necesita profesionales confiables, metódicos y responsables.
Esta no es una serie contra House. Es una serie a favor de la medicina bien hecha.